Bueno, empecemos.
Hace varios días que quería empezar a escribir, es un ejercicio que dejé de hacer hace tiempo, allá cuando era estudiante a tiempo completo. Hoy en día me reparto el tiempo entre el laburo, la facultad, la familia, proyectos, etc, etc...
Pero bueno, es como se dice cuando retomás el ir volver al gimnasio, el cuerpo se acuerda y es rápido el acople a la nueva actividad.
Estamos a mitad de año ya (casi), se han entregado informes orientadores, con las consiguientes sorpresas de las notas que los chicos llevan a las casas. Hoy por ejemplo, una mamá viene molesta con la nota del hijo, y el razonamiento es el siguiente: "viene a todas las clases".
Claro, es de esperarse que el esfuerzo de llevarlo todos los días al colegio deba tener sus frutos, como si apenas ingresara al edificio ya debería estar aprendiendo. No debe tener nada que ver su nota o su bajo rendimiento con el hecho de que no presta atención en clase, o habla hasta por los codos, o no tiene la carpeta completa... o carpeta alguna.
Es interesante ver las reacciones de los padres (no es este el caso, ya que su negación no le permite meditar lo que uno le cuenta), cuando se chocan con la realidad de saber como se comporta, con quienes se junta, o cuales son los comentarios que expresa cuando el profesor entra al aula, ya que la barra de jabón no bastaría para lavar su boca.
La comunicación es vital para corregir y corregirnos, para poder formarnos cada vez como mejores sujetos sociables, ya que una mala comunicación en casa, aleja de la realidad a los padres sobre el comportamiento o la forma de manejarse de sus hijos (lo digo como padre de una estudiante secundaria).
Esa comunicación es una búsqueda constante por parte de los auxiliares, ya que somos los nexos y, en varias oportunidades la bolsa de boxeo, tanto de los padres como de los profesores en cuanto al comportamiento de los alumnos se refiere.
Pero esa situación es harina de otro costal, del que más adelante hablaré.
Pero bueno, es como se dice cuando retomás el ir volver al gimnasio, el cuerpo se acuerda y es rápido el acople a la nueva actividad.
Estamos a mitad de año ya (casi), se han entregado informes orientadores, con las consiguientes sorpresas de las notas que los chicos llevan a las casas. Hoy por ejemplo, una mamá viene molesta con la nota del hijo, y el razonamiento es el siguiente: "viene a todas las clases".
Claro, es de esperarse que el esfuerzo de llevarlo todos los días al colegio deba tener sus frutos, como si apenas ingresara al edificio ya debería estar aprendiendo. No debe tener nada que ver su nota o su bajo rendimiento con el hecho de que no presta atención en clase, o habla hasta por los codos, o no tiene la carpeta completa... o carpeta alguna.
Es interesante ver las reacciones de los padres (no es este el caso, ya que su negación no le permite meditar lo que uno le cuenta), cuando se chocan con la realidad de saber como se comporta, con quienes se junta, o cuales son los comentarios que expresa cuando el profesor entra al aula, ya que la barra de jabón no bastaría para lavar su boca.
La comunicación es vital para corregir y corregirnos, para poder formarnos cada vez como mejores sujetos sociables, ya que una mala comunicación en casa, aleja de la realidad a los padres sobre el comportamiento o la forma de manejarse de sus hijos (lo digo como padre de una estudiante secundaria).
Esa comunicación es una búsqueda constante por parte de los auxiliares, ya que somos los nexos y, en varias oportunidades la bolsa de boxeo, tanto de los padres como de los profesores en cuanto al comportamiento de los alumnos se refiere.
Pero esa situación es harina de otro costal, del que más adelante hablaré.
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